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- ¿Biocarburantes? Sí pero no -
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Motivos para un “no” rotundo
Antes de aceptar ciegamente los biocarburantes como parte de la solución a la crisis energética en la que nos encontramos se hace necesario un pequeño análisis de las consecuencias negativas de los mismos. Estas consecuencias negativas dependen sin duda de la forma en que se produce el combustible y las motivaciones que hay para ello.
Los enormes monocultivos dedicados a la producción de aceite como combustible son ya un problema tanto a nivel ecológico como social. En un estudio presentado en septiembre de 2006 por “Friends of Earth” sobre el impacto de la producción de aceite de palma se cita entre otros casos que “entre los años 1985 y 2000 el desarrollo de los cultivos de palma para la producción de biocombustible ha sido el responsable del 87% de la deforestación que se dio en Malasia en dicho período...”. Lo comentado rompe con el paradigma del “balance neutro en CO2” de los biocarburantes, esos bosques fijaban mucho más CO2 que unas plantitas de palma. Hay especies animales que vieron destruído su hábitat natural.
Además, al daño ecológico que esto supone hay que sumarle las consecuencias sociales: miles de indígenas se ven forzados a abandonar sus tierras, las personas que muestran su oposición sufren la represión y tortura por parte de los Estados, l@s campesin@s productores trabajan en pésimas condiciones explotados por alguna empresa nacional sumisa a otra multinacional que lo único que busca es el beneficio económico. Y estas cosas ocurren en más lugares, véase en Brasil (diversos cultivos), Colombia (palma) y en Europa en Francia (girasol) y Alemania (colza) entre otros. Pero de esto no se habla al hacer publicidad.
Otro motivo para el “no” es que la explotación centralizada de los biocombustibles es parte de la misma lógica del mercado que lo atrapa todo. No se buscan soluciones a los problemas sino oportunidades para seguir haciendo negocio, mientras nos muestran una bandera de color verde hipócrita. De esta forma ante la exigencia de un@ consumidor/a que empieza a comprometerse con el medioambiente se elabora una gran campaña mediática llamando ecológico y sostenible a lo que realmente no lo es.
La simple sustitución de una fuente de energía por otra, siguiendo la misma lógica del mercado, tiene las misma consecuencias que el negocio de los combustibles fósiles y nucleares. Esto es, un sector centralizado que tiene mucho poder sobre decisiones políticas fundamentales: conflictos bélicos por recursos naturales, el cambio climático, pérdida de derechos de l@s trabajadores/as y consumidores/as, etc.
Motivos para un “sí, por supuesto”
Es claro que no hay una solución única a la crisis energética en la que nos encontramos. No se puede esperar encontrar el recurso natural que cubra todas nuestras necesidades, aún más en cuanto a locomoción se refiere. Entendemos que la solución pasa por la diversificación de fuentes energéticas y es en este contexto donde los biocombustibles entran en juego: explotados a pequeña escala ayudan a resolver el problema mientras que a gran escala son parte del problema.
Entre las distintas alternativas a los carburantes derivados del petróleo (biodiesel, etanol, hidrógeno, vehiculos híbridos,...), el uso de aceite vegetal (autoproducido o reciclado después de freír) en vehículos diésel nos parece una alternativa inmediata, pero no definitiva. Permite al/la usuari@ del vehículo controlar la fuente de carburante, minimizando los efectos negativos a otras comunidades y los daños medioambientales.
Sin atender al origen del aceite y centrándonos en el hecho exclusivo de conducir con aceite no sólo las emisiones de CO2 (causante del efecto
invernadero) se reducen, también lo hace el número de partículas en
suspensión y de hollín, de hidrocarburos policíclicos (cancerígenos). Además se evitan las emisiones de azufre (lluvia ácida).
Por último el cultivo de oleaginosas en espacios desaprovechados (que no sean bosques) o pequeñas parcelas dentro de huertas (nunca monocultivos) permite hacer un uso coherente del espacio, especialmente si se combinan con cultivos destinados a la alimentación (por ejemplo, camelina oleaginosa + trigo y guisantes).
La propuesta
Cualquier intento de encontrar soluciones debe ser tal que contenga los efectos positivos del “sí, por supuesto” y no caiga en los inconvenientes del “no rotundo”. La propuesta:
- Reducción drástica de las necesidades de locomoción.
- Reducción del consumo, como por ejemplo con el uso colectivo de vehículos
- Uso en motores diésel de una mezcla de 70% de gasóleo + 30% aceite vegetal.
- Adaptación de los vehículos diésel para usar 100% de aceite vegetal
- Autoproducción del aceite
- Reciclaje y filtrado de aceite usado.
Consecuencias positivas de la propuesta
La sustitución de combustibles derivados del petróleo tiene efectos muy positivos en el medioambiente así como en la sociedad si se hace de acuerdo a la propuesta dada; dejamos de ser cómplices de un sistema que enmascara términos como “crecimiento económico” y “generación de beneficio” (en su sentido más individualista) usando otros del tipo “desarrollo sostenible” y “lucha contra la pobreza” (que se venden como solidarios).
Además, en el momento en que nos hacemos parte esencial del proceso de generación de la energía que consumimos estamos participando activamente en un proceso de descentralización de poder, tan necesario si aspiramos a sociedades realmente democráticas.
A modo de conclusión
Usar aceite vegetal para locomoción de forma responsable es difícil, pues requiere esfuerzo y tiempo, pero es sin duda necesario. Una vez más la sostenibilidad no parece venir de manos de las administraciones ni del mercado, son l@s individu@ convertid@s en consumidores-as l@s que tienen la responsabilidad y, visto como funciona el sistema, son l@s únic@s con capacidad de hacer posible una realidad respetuosa con las personas y el medioambiente.
Todo lo dicho hasta ahora es aplicable a todas las formas de producir energía. Resulta claro que las energías renovables tienen un lado bueno y otro malo, véanse los grandes parques eólicos. Es nuestra tarea ser creativos para encontrar la manera de superar los inconvenientes potenciando su parte positiva.
Lo dicho hasta ahora es la visión que tenemos desde el colectivo ESCANDA. Por ello hemos participado activamente en la realización de una gira para la adaptación de vehículos diésel mostrando a su vez el proceso de filtraje de aceite reciclado y apoyando a la red “Petales” de Francia, claro ejemplo de la puesta en práctica de la filosofía presentada en este boletín.
